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domingo, 10 de marzo de 2013


CANCIÓN DE OTOÑO EN PRIMAVERA
 
         El profesor de Francés del internado, a quien llamábamos “le divine lapin”, por sus facciones medio conejiles, se reveló un enamorado de los Poemas saturnianos de Paul Verlaine de los que nos solía recitar la “Canción de Otoño”, especialmente su primera estrofa en la que, decía, se encontraba en todo su esplendor la profundidad de la pronunciación francesa, aunque pasado el tiempo tengo para mí que era un melancólico de libro. Aquella primera estrofa se nos grabó de manera indeleble a los alumnos de aquella promoción: Les sanglots longs / Des violons / De l'automne / Blessent mon coeur / D’une langueur / Monotone. Y quedó larvada a la espera de que la lectura del Canto General de Pablo Neruda la rescatase. El resultado fue esta melancólica columna de tarde de domingo titulada Visita que se publicó en el diario ABC  el 3 de marzo de 2000.

lunes, 11 de febrero de 2013


EL DÍA QUE MURIÓ PABLO NERUDA (I)

 Neruda será exhumado 40 años
después de su muerte.
(De los periódicos)     

     Lo que más lamentarán los restos de Pablo Neruda cuando los exhumen por orden del juez será separarse de los de Matilde Urrutia, su tercera esposa, tan a gusto como reposan desde 1992 hombro con hombro en Isla Negra, bajo el tinglado de maderos con las campanas de avisos de algún barco desguazado y frente al océano Pacífico. Puede que todavía mantengan el rito que practicaban a diario: besarse en el momento en que el Sol desaparecía por el horizonte. Paradoja sobre paradoja, porque ni Isla Negra es una isla, sino lugar costero; ni el Pacífico es calmo, sino bravío y pendenciero como marinero ebrio. Pero allí se encuentran los amantes, la pareja a la que Salvador Allende no dudó en calificar como la más romántica de su generación, frente al mar y bajo la Cruz del Sur. Los huesos de Matilde sentirán un escalofrío con la separación, como aquella tarde del 31 de mayo de 1976 en Madrid en que una hermosa sexagenaria, capaz aún de enamorar hombres a manadas, le hablaba quedo al periodista, envueltas sus palabras en la música ambiental de aquel hotelito de Serrano, a apenas diez mil kilómetros de un Augusto Pinochet en la plenitud de su tercer año triunfal.