EN CUEROS VIVOS
Así, en cueros vivos, y no sólo
en los aeropuertos, nos está dejando el maldito vicio que ha acometido a los
gobiernos y los servicios de “¿inteligencia?” de todo el mundo de escudriñar en
nuestras vidas para conocer la talla y la marca de nuestra ropa interior.
El brutal ataque terrorista del 11-S de 2001, que colapsó las Torres Gemelas y provocó graves daños en el centro neurálgico militar de EE.UU., el Pentágono, ha servido para que al socaire de la lucha antiterrorista todo esté ya permitido, como han demostrado las revelaciones del joven informático Edward Snowden, considerado traidor por los estadounidenses, y las consiguientes declaraciones de redes sociales como Facebook y Microsoft reconociendo su colaboración con el espionaje de EE.UU., no sabemos si por medio de la red anglosajona Echelon o por otros conductos más sofisticados.
