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martes, 27 de mayo de 2014


LOS EXPERIMENTOS CON GASEOSA, JOVEN

Si a unas elecciones cualquiera les suelen seguir atosigantes análisis y contraanálisis sobre la razón de que todos se sientan vencedores, en las recientes elecciones españolas al Parlamento europeo, punto final de una campaña anodina y al desgaire, los resultados han sido semejantes a una fumigación letal. Los cinco partidos hegemónicos ─los estatales PP, PSOE, IU y los autonómicos PNV y CiU─ se han visto afectados de una manera u otra por la eclosión de partidos y movimientos impensables hace un par de años, impulsados por la ya larguísima crisis económica y social, la persistencia de una corrupción generalizada sin culpables, la poda del Estado del bienestar, el insoportable desempleo y por el fenómeno de las televisiones, que si bien no es nuevo en el juego político, ha servido de altavoz y diseminador del descontento.

En el PSOE, los recortes y tijeretazos del Gobierno popular se han traducido en una tremenda patada en el trasero de los socialistas que comenzaron a malquistarse la confianza de sus votantes a partir de aquel giro copernicano que protagonizó José Luis Rodríguez Zapatero el 14 de julio de 2010 durante el debate del estado de la nación. Las medidas de austeridad anunciadas y los primeros recortes sociales llevaron al presidente socialista a asegurar que los acometería “cueste lo que cueste y me cueste lo que me cueste”. Desde entonces, el socialismo español ha ido dando tumbos, asistiendo al desperdigamiento de sus filas en movimientos a su derecha (UPyD) pero sobre todo a su izquierda, y rozando la insignificancia. Efectivamente, le costó, pero no sólo al presidente sino a todo su partido al que le aguarda una larga travesía por el desierto.

jueves, 11 de julio de 2013


PESADILLA DE UNA NOCHE DE VERANO CON BÁRCENAS AL FONDO

Estas noches caliginosas de la meseta castellana, ensordecidas por los grillos y los lamentos de los perros en el campo y por las acaloradas discusiones, cargadas de insomnio y alcohol, en las calles de Madrid, la ciudad mesetaria por excelencia, dan para mucho ensueño y no pocas pesadillas. Sin ir más lejos, hace dos noches me vi enmarañado en una ensoñación de la que me resultaba imposible escapar.
     Yo sabía que estaba en un sueño y que cuanto ocurría era un puro dislate. Incluso me veía a mí mismo braceando inútilmente por salir de él y al tiempo tratando de memorizar las bizarras aventuras a las que estaba asistiendo ante los primeros amagos de desleírse el sueño y dándole la razón a William Shakespeare cuando escribió: "Estamos hechos de la misma materia que los sueños; y nuestro pequeño mundo está rodeado de sueños". Todo bastante extraño como esos duermevelas inquietos y ponzoñosos.
    

lunes, 4 de febrero de 2013


MANUAL DE CORRUPCIONES

Que no cunda el espanto por mucho que el espectáculo nos resulte descarnadamente obsceno. Puede que la sociedad española esté sometiéndose a una catarsis de la que saldrá una nueva más próspera, más justa, más solidaria. O podría ser que cuando todo pase un manto de olvido caiga sobre los ciudadanos y permita de nuevo a los políticos –pero no solo ellos, también financieros, jueces, policías, abogados o periodistas- volver a meter la mano tonta en las arcas públicas. De momento da la impresión de que los chorizos de cuello blanco puede que se tienten dos veces la ropa antes de corromper o corromperse, porque si de toda esta situación debe salir algo claro es mejorar las cautelas y las salvaguardias en nuestra legislación para que sea más difícil atropellar el erario público.
            En noviembre de 2009, el entonces fiscal general del Estado, Cándido Conde-Pumpido revelaba ante la comisión de Justicia del Congreso que en ese tiempo se estaban tramitando 730 causas penales por corrupción contra políticos de todos los partidos, aunque PSOE y PP acumulaban la mayoría de las causas con un total de 464. El fiscal general admitía que había de todo y en todos los partidos, pero advertía, para desterrar la desazón o una cierta sensación apocalíptica, que si se tenía en cuenta que en España había en torno a los 66.000 concejales y alcaldes más 17 asambleas legislativas autonómicas y otros tantos gobiernos autonómicos la corrupción no alcanzaba ni el uno por ciento de la llamada clase política.