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lunes, 10 de septiembre de 2018


    DERROTAS
                                         (Del libro en preparación La cópula de la libélula)                                                              
La semana del Once de Septiembre (en mayúsculas por haber pasado la fecha a la categoría de icono) nos la hemos pasado conmemorando la derrota de un estilo de civilización a manos del fanatismo. Se ha dicho que este estilo de periodismo conmemorativo, como el declarativo al que tan dados somos en los medios de comunicación, no refleja sino el declive de la profesión. Puede ser cierto, pero esa sería otra historia. El caso es que la fecha –esos dos palitos del número uno, tan parecidos a las torres masacradas- ha engrosado una iconografía de derrotas coincidentes, unas más locales que otras,  que hasta el año 2001 se escribían con mayúscula también en sus respectivos lugares.
Para los catalanes, el 11-S  es la conmemoración de la lapidación del  autogobierno catalán a manos de las huestes hispanofrancesas en el lejano año de 1714.

lunes, 11 de febrero de 2013


EL DÍA QUE MURIÓ PABLO NERUDA (I)

 Neruda será exhumado 40 años
después de su muerte.
(De los periódicos)     

     Lo que más lamentarán los restos de Pablo Neruda cuando los exhumen por orden del juez será separarse de los de Matilde Urrutia, su tercera esposa, tan a gusto como reposan desde 1992 hombro con hombro en Isla Negra, bajo el tinglado de maderos con las campanas de avisos de algún barco desguazado y frente al océano Pacífico. Puede que todavía mantengan el rito que practicaban a diario: besarse en el momento en que el Sol desaparecía por el horizonte. Paradoja sobre paradoja, porque ni Isla Negra es una isla, sino lugar costero; ni el Pacífico es calmo, sino bravío y pendenciero como marinero ebrio. Pero allí se encuentran los amantes, la pareja a la que Salvador Allende no dudó en calificar como la más romántica de su generación, frente al mar y bajo la Cruz del Sur. Los huesos de Matilde sentirán un escalofrío con la separación, como aquella tarde del 31 de mayo de 1976 en Madrid en que una hermosa sexagenaria, capaz aún de enamorar hombres a manadas, le hablaba quedo al periodista, envueltas sus palabras en la música ambiental de aquel hotelito de Serrano, a apenas diez mil kilómetros de un Augusto Pinochet en la plenitud de su tercer año triunfal.