PESADILLA DE UNA NOCHE DE VERANO CON
BÁRCENAS AL FONDO
Estas noches
caliginosas de la meseta castellana, ensordecidas por los grillos y los
lamentos de los perros en el campo y por las acaloradas discusiones, cargadas
de insomnio y alcohol, en las calles de Madrid, la ciudad mesetaria por
excelencia, dan para mucho ensueño y no pocas pesadillas. Sin ir más lejos,
hace dos noches me vi enmarañado en una ensoñación de la que me resultaba
imposible escapar.
Yo sabía que
estaba en un sueño y que cuanto ocurría era un puro dislate. Incluso me veía a
mí mismo braceando inútilmente por salir de él y al tiempo tratando de
memorizar las bizarras aventuras a las que estaba asistiendo ante los primeros
amagos de desleírse el sueño y dándole la razón a William Shakespeare cuando
escribió: "Estamos hechos de la
misma materia que los sueños; y nuestro pequeño mundo está rodeado de sueños". Todo bastante extraño como
esos duermevelas inquietos y ponzoñosos.