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domingo, 6 de marzo de 2016

EL RUIDO Y LA FURIA

Todavía no había llegado el momento del puño en alto ni del beso en los labios al camarada. En la bancada “podemita” sólo las cejas enarcadas de Íñigo Errejón y las ruidosas protestas de los escaños socialistas, parecieron reaccionar ante los gritos de su líder máximo en el Congreso de los Diputados, el descamisado Pablo Manuel Iglesias, llenos de ruido y de furia contra el partido socialista y especialmente contra Felipe González. Desde los escaños y las tribunas, ampliándose en directo a las pantallas de televisión, cundía la impresión de estar asistiendo a las obligadas sobreactuaciones de las asambleas estudiantiles y a las agitadas concentraciones del 15-M, en las que el grito debe acompañar a la palabra si se desea el efecto deseado en los congregados.
Cargó Iglesias contra el Felipe González de los años más negros del PSOE, acusándolo de tener el “pasado manchado de cal viva” y elogiando de paso a los secretarios generales del PCE Julio Anguita y Gerardo Iglesias. González  no quiso darle importancia al exabrupto: "Habla desde la rabia y el odio, está sobrecargado y debería serenarse un poco", para terminar definiéndolo “buen discípulo de Anguita”, en referencia al dirigente de IU, tan feroz adversario del socialista que parecía más bien un aliado de José María Aznar, el presidente del Partido Popular, y del Gobierno a partir de 1996.

miércoles, 18 de febrero de 2015


LE LLAMABAN AMANECER

     La actualidad argentina, bien por razones infaustas (“suicidio” del fiscal Nisman), bien por noticias faustas (seguro que hay un centón), constituye, para quienes tuvimos la suerte de vivir sus hermosas ciudades, la excusa perfecta para extraer recuerdos, añoranzas o simplemente vida. Expertos en motejar a los personajes públicos, los argentinos parecen no conformarse con que una persona tenga nombre y apellidos. El apodo en Argentina es el reconocimiento de la tribu hacia las bondades o maldades de un personaje determinado y marca su preeminencia social aunque sólo sea en un círculo reducido. Algunos de los alias reflejan una realidad: “gordo”, “petiso” o “flaco”, o “colorado”, éste por el pelo color panocha. Otros son absolutamente surrealistas, como “Pajarito”, aplicado a un excelente y veterano periodista de investigación. A Perón le apodaban “el viejo” o “el pocho”; a Héctor Cámpora, “el tío”; a Carlos Menem, “el turco” o “méndez”, porque nombrarlo traía mala suerte. En los deportistas renombrados es imprescindible el apodo, como “el flaco” Menotti, “el burrito” Ortega, “el pibe” Saviola, Carlos “Lole” Reutemann, “el mono” Burgos, “el cholo” Simeone, o Maradona a quien motejan “el diego” o “el dios”.

lunes, 26 de enero de 2015


PODEMOS: SUSTO O MUERTE

    Atentos a la pantalla: de aquí a las elecciones generales del Reino de España nos van a pasar y repasar la película una y otra vez para tratar de convencernos de que tras el triunfo de la coalición de izquierdas Syriza en Grecia le toca el turno a España con la llegada al poder de esa excrecencia del 15─M y de Izquierda Unida que es el Podemos de Pablo Iglesias y de la Sexta, cuya aparición ha generado una expectación semejante a la de los socialistas sevillanos de la década de los 70, aunque nada tengan que ver el tiempo ni los personajes. Aquéllos estaban entrenados en el día a día de la política, perdiendo elecciones para después ganarlas. Éstos han salido de las aulas, las asambleas y los dossiers, y aún tienen que fajarse con la política cotidiana, al menudeo.

martes, 27 de mayo de 2014


LOS EXPERIMENTOS CON GASEOSA, JOVEN

Si a unas elecciones cualquiera les suelen seguir atosigantes análisis y contraanálisis sobre la razón de que todos se sientan vencedores, en las recientes elecciones españolas al Parlamento europeo, punto final de una campaña anodina y al desgaire, los resultados han sido semejantes a una fumigación letal. Los cinco partidos hegemónicos ─los estatales PP, PSOE, IU y los autonómicos PNV y CiU─ se han visto afectados de una manera u otra por la eclosión de partidos y movimientos impensables hace un par de años, impulsados por la ya larguísima crisis económica y social, la persistencia de una corrupción generalizada sin culpables, la poda del Estado del bienestar, el insoportable desempleo y por el fenómeno de las televisiones, que si bien no es nuevo en el juego político, ha servido de altavoz y diseminador del descontento.

En el PSOE, los recortes y tijeretazos del Gobierno popular se han traducido en una tremenda patada en el trasero de los socialistas que comenzaron a malquistarse la confianza de sus votantes a partir de aquel giro copernicano que protagonizó José Luis Rodríguez Zapatero el 14 de julio de 2010 durante el debate del estado de la nación. Las medidas de austeridad anunciadas y los primeros recortes sociales llevaron al presidente socialista a asegurar que los acometería “cueste lo que cueste y me cueste lo que me cueste”. Desde entonces, el socialismo español ha ido dando tumbos, asistiendo al desperdigamiento de sus filas en movimientos a su derecha (UPyD) pero sobre todo a su izquierda, y rozando la insignificancia. Efectivamente, le costó, pero no sólo al presidente sino a todo su partido al que le aguarda una larga travesía por el desierto.