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domingo, 6 de marzo de 2016

EL RUIDO Y LA FURIA

Todavía no había llegado el momento del puño en alto ni del beso en los labios al camarada. En la bancada “podemita” sólo las cejas enarcadas de Íñigo Errejón y las ruidosas protestas de los escaños socialistas, parecieron reaccionar ante los gritos de su líder máximo en el Congreso de los Diputados, el descamisado Pablo Manuel Iglesias, llenos de ruido y de furia contra el partido socialista y especialmente contra Felipe González. Desde los escaños y las tribunas, ampliándose en directo a las pantallas de televisión, cundía la impresión de estar asistiendo a las obligadas sobreactuaciones de las asambleas estudiantiles y a las agitadas concentraciones del 15-M, en las que el grito debe acompañar a la palabra si se desea el efecto deseado en los congregados.
Cargó Iglesias contra el Felipe González de los años más negros del PSOE, acusándolo de tener el “pasado manchado de cal viva” y elogiando de paso a los secretarios generales del PCE Julio Anguita y Gerardo Iglesias. González  no quiso darle importancia al exabrupto: "Habla desde la rabia y el odio, está sobrecargado y debería serenarse un poco", para terminar definiéndolo “buen discípulo de Anguita”, en referencia al dirigente de IU, tan feroz adversario del socialista que parecía más bien un aliado de José María Aznar, el presidente del Partido Popular, y del Gobierno a partir de 1996.

martes, 27 de mayo de 2014


LOS EXPERIMENTOS CON GASEOSA, JOVEN

Si a unas elecciones cualquiera les suelen seguir atosigantes análisis y contraanálisis sobre la razón de que todos se sientan vencedores, en las recientes elecciones españolas al Parlamento europeo, punto final de una campaña anodina y al desgaire, los resultados han sido semejantes a una fumigación letal. Los cinco partidos hegemónicos ─los estatales PP, PSOE, IU y los autonómicos PNV y CiU─ se han visto afectados de una manera u otra por la eclosión de partidos y movimientos impensables hace un par de años, impulsados por la ya larguísima crisis económica y social, la persistencia de una corrupción generalizada sin culpables, la poda del Estado del bienestar, el insoportable desempleo y por el fenómeno de las televisiones, que si bien no es nuevo en el juego político, ha servido de altavoz y diseminador del descontento.

En el PSOE, los recortes y tijeretazos del Gobierno popular se han traducido en una tremenda patada en el trasero de los socialistas que comenzaron a malquistarse la confianza de sus votantes a partir de aquel giro copernicano que protagonizó José Luis Rodríguez Zapatero el 14 de julio de 2010 durante el debate del estado de la nación. Las medidas de austeridad anunciadas y los primeros recortes sociales llevaron al presidente socialista a asegurar que los acometería “cueste lo que cueste y me cueste lo que me cueste”. Desde entonces, el socialismo español ha ido dando tumbos, asistiendo al desperdigamiento de sus filas en movimientos a su derecha (UPyD) pero sobre todo a su izquierda, y rozando la insignificancia. Efectivamente, le costó, pero no sólo al presidente sino a todo su partido al que le aguarda una larga travesía por el desierto.