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jueves, 21 de febrero de 2013

LA MANO DE DIOS
              No sean ustedes descreídos. No puede ser que Dios se cansara de echar una ayuda a los mortales una vez que impulsó la manita de Diego Armando Maradona sobre el balón que le valió a Argentina la victoria ante Inglaterra en el Mundial de México de 1986 y a tan peculiar futbolista el mote de “la mano de Dios”. Podría asegurar sin caer en el error que ahora no más parece haber resucitado el impulso digital en el corazón de un político gallego. Así son las cosas.            
             Quizás nada haya sido más beneficioso para el bien común y el porvenir de nuestro país que el nombramiento de Alberto Ruiz Gallardón como ministro de Justicia. Ninguna lluvia de bienes puede superar el acierto de una decisión como la que tuvo a bien adoptar el presidente del gobierno español, Mariano Rajoy, en lo tocante a la titularidad del Ministerio de Justicia. Ahí demostró Rajoy su acrisolada genética gallega.      

miércoles, 6 de febrero de 2013

ÁNGEL SANCHÍS Y UN DEPARTAMENTO EN BUENOS AIRES
Puede que la fecha en la que conocí a Ángel Sanchís Perales, a la sazón diputado nacional del Partido Popular, se situara a finales de 1989 en alguna recepción de la Embajada de España en Buenos Aires y es probable que nos presentara el entonces embajador, Raimundo Bassols. Durante aquella primera conversación, Sanchís se debió de divertir ante mi desconocimiento de la política española tras casi dos años de estancia en el país austral. En España había periódicos que referían alguna cacería de Manuel Fraga, fundador y presidente de Alianza Popular, en Argentina, pero hasta que no conocí a Sanchís no supe que donde cazaba Fraga Iribarne todo lo que se movía y volaba era en la finca del diputado popular.

En los corrillos de los empresarios residentes en Buenos Aires se aseguraba que La Moraleja (en aquel tiempo desconocía su nombre) era una finca de 600.000 hectáreas, la mitad de las cuales permanecía salvaje y la otra mitad se estaba convirtiendo en una de las mejores y más productivas fincas del Cono Sur americano. Adquirida a finales de la década de los 70 con dinero procedente, al parecer, de la venta de Nuevo Banco que el avispado político valenciano poseía en la península. Desconozco el destino de esas 300.000 hectáreas salvajes, pero no me extrañaría que continuaran formando parte de la familia Sanchís. Explotada en la provincia norteña de Salta, se aseguraba entonces que su propietario viajaba a ella en un avión que aterrizaba en la pista que había construido al efecto.


lunes, 4 de febrero de 2013


MANUAL DE CORRUPCIONES

Que no cunda el espanto por mucho que el espectáculo nos resulte descarnadamente obsceno. Puede que la sociedad española esté sometiéndose a una catarsis de la que saldrá una nueva más próspera, más justa, más solidaria. O podría ser que cuando todo pase un manto de olvido caiga sobre los ciudadanos y permita de nuevo a los políticos –pero no solo ellos, también financieros, jueces, policías, abogados o periodistas- volver a meter la mano tonta en las arcas públicas. De momento da la impresión de que los chorizos de cuello blanco puede que se tienten dos veces la ropa antes de corromper o corromperse, porque si de toda esta situación debe salir algo claro es mejorar las cautelas y las salvaguardias en nuestra legislación para que sea más difícil atropellar el erario público.
            En noviembre de 2009, el entonces fiscal general del Estado, Cándido Conde-Pumpido revelaba ante la comisión de Justicia del Congreso que en ese tiempo se estaban tramitando 730 causas penales por corrupción contra políticos de todos los partidos, aunque PSOE y PP acumulaban la mayoría de las causas con un total de 464. El fiscal general admitía que había de todo y en todos los partidos, pero advertía, para desterrar la desazón o una cierta sensación apocalíptica, que si se tenía en cuenta que en España había en torno a los 66.000 concejales y alcaldes más 17 asambleas legislativas autonómicas y otros tantos gobiernos autonómicos la corrupción no alcanzaba ni el uno por ciento de la llamada clase política.