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viernes, 7 de septiembre de 2018

EL GOLPE DE AGOSTO
                                  (Del libro en preparación La cópula de la libélula)                                               
Aquel martes de agosto de 1991 la mesa estaba al completo. Cada segundo día de la semana, periodistas argentinos, agregados de prensa de las embajadas, corresponsales europeos y algún invitado ocasional se daban cita en el Club Español de Hipólito Yrigoyen, el flanco derecho de la Avenida de 9 de Julio de Buenos Aires, para una comida de confraternización en la que se solían suscitar temas y debatir la política menemista del momento. Era una convocatoria libre, con sedes sucesivas y que ahora se celebraba en un reservado del comedor del Club, un hermoso edificio de principios del siglo XX decorado con mármoles y mobiliario de los tiempos de la Argentina rica, en el que nos instalaban una mesa alargada con diez sitios que solían bastar e incluso sobraban las más de las veces. Como elenco estable se encontraban el patriarca Rudni y Pablo Gusani, ya fallecidos, Rogelio “Pajarito” García Lupo, Isidoro Gilbert, y algún corresponsal de la agencia cubana de noticias. Era una mesa claramente izquierdista en la que sin embargo los periodistas independientes, liberales o decididamente conservadores se encontraban también a sus anchas compartiendo la picada previa a una paella de desigual factura.

domingo, 9 de junio de 2013


LOS SENOS SOÑADOS DE RAMÓN


En la España actual y ampliaría el campo al mundo actual tan llenos de miserias, espionajes ─¿tan difícil resulta separarse de la política de Bush, señor Obama?-, hipocresías y una torticera interpretación del servicio público conviene rebuscar en otras disciplinas para encontrar consuelo y sosiego y si fuera posible un chispazo de genialidad que alegre nuestras vidas. La depresión puede curarse o al menos paliarse con un lectura al voleo de cualquier texto del prolífico Ramón Gómez de la Serna, quien tengo para mí que cuando escribió el libro al que haremos mención los senos únicos de los que podría tener referencia serían los de la periodista Carmen de Burgos, Colombine, presumiblemente nutricios, por abundantes, a tenor de los 21 años que la separaba del prolífico e inquieto escritor.
     El descubrimiento de su obrita Senos en una librería de viejo de Buenos Aires espoleó mi interés que se tradujo en un artículo de periódico, como el que sigue.


miércoles, 3 de abril de 2013


Cuando se abren las compuertas del cielo

Quien no haya vivido una lluvia en ese inmenso jardín que es América, según nos cantaba Nino Bravo, no sabe lo que es llover, tifones y monzones aparte, pero también más lejanos y ajenos. Quien no haya asistido a una tormenta eléctrica en el país de la Pampa desconoce el temor que se puede sentir ─terror diría─ ante la Naturaleza desatada convertida en un Vulcano cabreado, blasfemando a base de rayos y relámpagos, amedrentando con un trueno incesante, un rodillo que arrastraran los dioses todos por los caminos sin empedrar de los cielos. ¡Rediós, qué espanto!


miércoles, 6 de febrero de 2013

ÁNGEL SANCHÍS Y UN DEPARTAMENTO EN BUENOS AIRES
Puede que la fecha en la que conocí a Ángel Sanchís Perales, a la sazón diputado nacional del Partido Popular, se situara a finales de 1989 en alguna recepción de la Embajada de España en Buenos Aires y es probable que nos presentara el entonces embajador, Raimundo Bassols. Durante aquella primera conversación, Sanchís se debió de divertir ante mi desconocimiento de la política española tras casi dos años de estancia en el país austral. En España había periódicos que referían alguna cacería de Manuel Fraga, fundador y presidente de Alianza Popular, en Argentina, pero hasta que no conocí a Sanchís no supe que donde cazaba Fraga Iribarne todo lo que se movía y volaba era en la finca del diputado popular.

En los corrillos de los empresarios residentes en Buenos Aires se aseguraba que La Moraleja (en aquel tiempo desconocía su nombre) era una finca de 600.000 hectáreas, la mitad de las cuales permanecía salvaje y la otra mitad se estaba convirtiendo en una de las mejores y más productivas fincas del Cono Sur americano. Adquirida a finales de la década de los 70 con dinero procedente, al parecer, de la venta de Nuevo Banco que el avispado político valenciano poseía en la península. Desconozco el destino de esas 300.000 hectáreas salvajes, pero no me extrañaría que continuaran formando parte de la familia Sanchís. Explotada en la provincia norteña de Salta, se aseguraba entonces que su propietario viajaba a ella en un avión que aterrizaba en la pista que había construido al efecto.