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lunes, 21 de abril de 2014


NUNCA LO LLAMARÉ GABO
 
He de confesarlo: nunca hablé con Gabriel García Márquez, ni me hice una foto con él, ni siquiera una “selfie” (un autorretrato con el móvil, para entendernos), por eso no lo llamo Gabo ni Gabito (nunca imaginé así su nombre) ni García, como lo llamaba su agente literaria Carmen Balcells, porque los motes, por universales que sean, son para la intimidad de la familia, del amor o de la amistad y para mi pesar no formé parte de ese escenario.

También lo confieso: envidio sinceramente a quienes tuvieron la oportunidad de intercambiar con él (a quien por supuesto llamarían Gabo) una mirada, una sonrisa y, ya no digamos, una conversación. Habrían salido completos y satisfechos, como me ocurrió a mí con José Donoso, Torrente Ballester, Borges, Bioy, Sábato, gente que te clava la voz en el alma y ya no encuentras obstáculo para repetir, inmodestamente y quizás con demasiadas ínfulas, “como me dijo Borges…”, o “insistía Ernesto Sábato en su casa de Santos Lugares…”, o “realmente Adolfo Bioy era un seductor…” y cosas así que diría ahora, hinchado como un pavo, de García Márquez si hubiera tenido ocasión de poderlo llamar Gabo.

jueves, 2 de enero de 2014

BORGES Y LA IRRITACIÓN DE LOS ARGENTINOS
    En “El libro de arena” escribió Jorge Luis Borges: “Si el tiempo es infinito, estamos en cualquier punto del tiempo”, o sea   que en lugar de cumplir los años que afortunadamente cumplimos podemos estar cumpliendo, recumpliendo más bien, los 25 o los 10 o los 15. Borges era un genio que se prolongó en su minuciosa escritura y los argentinos son, por lo general, excesivos, ampulosos y gestualmente italianos. Ahora que las temperaturas sobrepasan los 50 grados centígrados (al sol, se supone) y los constantes cortes de luz apagan neveras y artefactos de aire acondicionado, en lugar de traerse hielo del glacial Perito Moreno, encienden hogueras. Estos argentinos… Pero tienen razón con las protestas que sin embargo me dejan algo perplejo por producirse en una ciudad cuyos servicios públicos están en manos de exitosas empresas energéticas.
  


jueves, 13 de junio de 2013


UNA TARDE CON BORGES

Para concluir este repaso a palabras, acontecimientos y literaturas de las Américas vistas desde el Madrid “rompeolas de todas las Españas” de don Antonio Machado, referiré mi único encuentro con Jorge Luis Borges, en cuya lectura y para mi vergüenza no me había demorado excesivamente hasta ese momento.
En su cuarta visita a España, invitado por la cadena de televisión estatal con motivo de la grabación de algunos de sus cuentos, Jorge Luis Borges lloró durante el visionado. Fuera de la sala de proyecciones, su bastón se apoyó después en el brazo de su asiento; sus ojos celestes, acuosos, miraban dos cuartas sobre mi cabeza; alguien le preguntó sobre su poema dedicado a España, escrito en julio de 1964 [España de la hombría de bien y de la caudalosa amistad/ España del inútil coraje…]



jueves, 14 de marzo de 2013


CONFIRMADO: DIOS ES ARGENTINO

 
Hace décadas que los naturales del país, encaramados en su enorme y comprensible ego, tenían la certeza absoluta, los datos incontestables, la evidencia prístina (¿viste?) de que el gran Dios era argentino. ¿Qué país puede albergar en el mismo territorio y a un tiempo la demostración de la eternidad en sus manifestaciones estática (el glaciar Perito Moreno) o dinámica (las cataratas de Iguazú)? ¿Qué lugar fuera de Europa puede tener como capital una ciudad europea como Buenos Aires? ¿Qué pueblo, si no es el elegido, puede mostrar entre sus ídolos la constatación de la existencia de ese Dios argentino? A ver si no por qué al idolatrado Diego Armando Maradona se le llama “la mano de Dios”. A Maradona anda moviéndole la silla un muchacho de nombre Leo Messi que para contrarrestar lo de la mano y como reclamando su lugar eleva los índices al cielo a cada gol que marca. Puede terminar siendo “el pie de Dios” de tantos aciertos contra el arco rival.