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miércoles, 18 de febrero de 2015


LE LLAMABAN AMANECER

     La actualidad argentina, bien por razones infaustas (“suicidio” del fiscal Nisman), bien por noticias faustas (seguro que hay un centón), constituye, para quienes tuvimos la suerte de vivir sus hermosas ciudades, la excusa perfecta para extraer recuerdos, añoranzas o simplemente vida. Expertos en motejar a los personajes públicos, los argentinos parecen no conformarse con que una persona tenga nombre y apellidos. El apodo en Argentina es el reconocimiento de la tribu hacia las bondades o maldades de un personaje determinado y marca su preeminencia social aunque sólo sea en un círculo reducido. Algunos de los alias reflejan una realidad: “gordo”, “petiso” o “flaco”, o “colorado”, éste por el pelo color panocha. Otros son absolutamente surrealistas, como “Pajarito”, aplicado a un excelente y veterano periodista de investigación. A Perón le apodaban “el viejo” o “el pocho”; a Héctor Cámpora, “el tío”; a Carlos Menem, “el turco” o “méndez”, porque nombrarlo traía mala suerte. En los deportistas renombrados es imprescindible el apodo, como “el flaco” Menotti, “el burrito” Ortega, “el pibe” Saviola, Carlos “Lole” Reutemann, “el mono” Burgos, “el cholo” Simeone, o Maradona a quien motejan “el diego” o “el dios”.

jueves, 22 de enero de 2015


EL FISCAL NISMAN MURIÓ LA VÍSPERA

Se podría parafrasear al Zavalita de “Conversación en la Catedral”, de Vargas Llosa, y preguntarse: “En qué momento se jodió la Argentina”? El peronista Carlos Menem, presidente argentino de 1989 a 1999, solía decir ante acontecimientos que podían irse de las manos o simplemente imprevisibles la frase “Nadie muere la víspera”. Pues bien, en otro sentido, el fiscal federal Alberto Nisman, sí murió la víspera, la víspera en que debía probar ante el Congreso argentino sus acusaciones contra la presidente Cristina Fernández de Kirchner y otros altos cargos del kirchnerismo por sus presuntas componendas con el régimen iraní a raíz del atentado contra la Asociación Mutualista Israelita Argentina (AMIA) que costó la vida de 85 personas en 1994. El que está considerado el mayor atentado terrorista de la historia argentina estuvo precedido, dos años antes, por el ataque contra la embajada de Israel en Buenos Aires que convirtió en escombros la legación y causó la muerte de 29 personas. Ambos atentados, perpetrados durante la presidencia de Menem, quedaron impunes pese a que las sospechas se dirigieron siempre contra el régimen de los ayatolás iraníes.
       

jueves, 2 de enero de 2014

BORGES Y LA IRRITACIÓN DE LOS ARGENTINOS
    En “El libro de arena” escribió Jorge Luis Borges: “Si el tiempo es infinito, estamos en cualquier punto del tiempo”, o sea   que en lugar de cumplir los años que afortunadamente cumplimos podemos estar cumpliendo, recumpliendo más bien, los 25 o los 10 o los 15. Borges era un genio que se prolongó en su minuciosa escritura y los argentinos son, por lo general, excesivos, ampulosos y gestualmente italianos. Ahora que las temperaturas sobrepasan los 50 grados centígrados (al sol, se supone) y los constantes cortes de luz apagan neveras y artefactos de aire acondicionado, en lugar de traerse hielo del glacial Perito Moreno, encienden hogueras. Estos argentinos… Pero tienen razón con las protestas que sin embargo me dejan algo perplejo por producirse en una ciudad cuyos servicios públicos están en manos de exitosas empresas energéticas.