CONFIRMADO: DIOS ES
ARGENTINO
Hace décadas
que los naturales del país, encaramados en su enorme y comprensible ego, tenían
la certeza absoluta, los datos incontestables, la evidencia prístina (¿viste?)
de que el gran Dios era argentino. ¿Qué país puede albergar en el mismo
territorio y a un tiempo la demostración de la eternidad en sus manifestaciones
estática (el glaciar Perito Moreno) o dinámica (las cataratas de Iguazú)? ¿Qué
lugar fuera de Europa puede tener como capital una ciudad europea como Buenos Aires?
¿Qué pueblo, si no es el elegido, puede mostrar entre sus ídolos la
constatación de la existencia de ese Dios argentino? A ver si no por qué al
idolatrado Diego Armando Maradona se le llama “la mano de Dios”. A Maradona
anda moviéndole la silla un muchacho de nombre Leo Messi que para contrarrestar
lo de la mano y como reclamando su lugar eleva los índices al cielo a cada gol
que marca. Puede terminar siendo “el pie de Dios” de tantos aciertos contra el
arco rival.