Mostrando entradas con la etiqueta Salvador Allende. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Salvador Allende. Mostrar todas las entradas

lunes, 10 de septiembre de 2018


    DERROTAS
                                         (Del libro en preparación La cópula de la libélula)                                                              
La semana del Once de Septiembre (en mayúsculas por haber pasado la fecha a la categoría de icono) nos la hemos pasado conmemorando la derrota de un estilo de civilización a manos del fanatismo. Se ha dicho que este estilo de periodismo conmemorativo, como el declarativo al que tan dados somos en los medios de comunicación, no refleja sino el declive de la profesión. Puede ser cierto, pero esa sería otra historia. El caso es que la fecha –esos dos palitos del número uno, tan parecidos a las torres masacradas- ha engrosado una iconografía de derrotas coincidentes, unas más locales que otras,  que hasta el año 2001 se escribían con mayúscula también en sus respectivos lugares.
Para los catalanes, el 11-S  es la conmemoración de la lapidación del  autogobierno catalán a manos de las huestes hispanofrancesas en el lejano año de 1714.

domingo, 27 de octubre de 2013


MUERTE DE UN PRESIDENTE

(Finalmente, el presidente Salvador Allende tuvo razón. Pocos podían suponer que cuarenta años después de su muerte Chile sería la democracia más asentada de Iberoamérica, también la más próspera, y en la que la alternancia del poder se había consumado sin problemas. El 11 de septiembre de 1998 publiqué en el diario La Verdad de Murcia y en sus ediciones de Albacete y Alicante el artículo que reproduzco a continuación, cuarenta años, un mes y 16 días después de un magnicidio tras el que estuvo la larga mano del presidente estadounidense, Richard Nixon, y su secretario de Estado [y premio Nobel de la Paz en ese malhadado año de 1973] Henry Kissinger)

A las tres de la tarde (del 11 de septiembre de 1973) hora chilena (nueve de la noche en España), todo había terminado en el Palacio de la Moneda. Tras casi ocho horas de combates, incluido el bombardeo del palacio desde el aire, los últimos moradores del emblemático edificio presidencial salen por la puerta de la calle Morandé, al costado de la entrada principal. Hasta ese momento, sólo el presidente Salvador Allende, con el casco de combate calado hasta las cejas, y sus más incondicionales permanecían en las dependencias de palacio, en pleno centro de Santiago.