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martes, 11 de septiembre de 2018


NI UN SEGUNDO
(Del libro en preparación El sol  en la espalda)

Ni un segundo me detendré a pensar en el hombre de la ventana del piso 97 de la Torre Norte, contemplando la dorada mañana neoyorkina, sin la más leve bruma sobre el Hudson, quizás con un vaso de papel mediado de agua fresca. Ni un segundo para imaginar su rostro plácido a la espera de la tensión de la jornada. En lo alto de esa torre millones de turistas hemos sentido, junto a la altura, el vértigo de la civilización, la estúpida complacencia del progreso, la cristalización del lema olímpico –“Citius, Altius, Fortius”- ideado por el dominico Henri Didon en 1891. Allá arriba se han usado millones de videocámaras y cámaras fotográficas, tratando de sortear las irisaciones del cristal irrompible. Pero ese hombre tras el cristal de la Torre Norte mira sin emoción el horizonte: se ha acostumbrado al paisaje como los guacamayos a la selva o los celadores a caminar entre las maravillas del museo, sin advertirlas siquiera. Sólo piensa que el aullido del teléfono lo está sacando de la complacencia. Ese hombre despacha de un trago el vaso de agua, lo estruja y el brazo se le queda arqueado en el instante en que una inmensa máquina voladora enseña su morro ante el cristal.

lunes, 10 de septiembre de 2018


    DERROTAS
                                         (Del libro en preparación La cópula de la libélula)                                                              
La semana del Once de Septiembre (en mayúsculas por haber pasado la fecha a la categoría de icono) nos la hemos pasado conmemorando la derrota de un estilo de civilización a manos del fanatismo. Se ha dicho que este estilo de periodismo conmemorativo, como el declarativo al que tan dados somos en los medios de comunicación, no refleja sino el declive de la profesión. Puede ser cierto, pero esa sería otra historia. El caso es que la fecha –esos dos palitos del número uno, tan parecidos a las torres masacradas- ha engrosado una iconografía de derrotas coincidentes, unas más locales que otras,  que hasta el año 2001 se escribían con mayúscula también en sus respectivos lugares.
Para los catalanes, el 11-S  es la conmemoración de la lapidación del  autogobierno catalán a manos de las huestes hispanofrancesas en el lejano año de 1714.

lunes, 17 de junio de 2013


EN CUEROS VIVOS

Así, en cueros vivos, y no sólo en los aeropuertos, nos está dejando el maldito vicio que ha acometido a los gobiernos y los servicios de “¿inteligencia?” de todo el mundo de escudriñar en nuestras vidas para conocer la talla y la marca de nuestra ropa interior.


El brutal ataque terrorista del 11-S de 2001, que colapsó las Torres Gemelas y provocó graves daños en el centro neurálgico militar de EE.UU., el Pentágono, ha servido para que al socaire de la lucha antiterrorista todo esté ya permitido, como han demostrado las revelaciones del joven informático Edward Snowden, considerado traidor por los estadounidenses, y las consiguientes declaraciones de redes sociales como Facebook y Microsoft reconociendo su colaboración con el espionaje de EE.UU., no sabemos si por medio de la red anglosajona Echelon o por otros conductos más sofisticados.