ASESINATO Y MISERIA EN CAMPAÑA
El asesinato de Isabel Carrasco, presidenta del Partido Popular de León y
de su Diputación Provincial, ha cortado de un hachazo la campaña a las
elecciones europeas, una de las más anodinas de que se tiene noticias. Está de más
buscar motivaciones para un acto tan vil puesto que nada justifica un asesinato
aunque se cometa contra un asesino o sobre el más insignificante miembro de la
sociedad. Ocurre que las reacciones de condena y dolor se magnifican e
incrementan conforme sea la influencia social de la víctima que en este caso se
trata de una personalidad políticamente connotada, perteneciente al partido en
el Gobierno.

Ya están en marcha las correspondientes manifestaciones de condena con el
consiguiente desgaste de los adjetivos calificativos ─vil, miserable, infame,
despreciable, canalla, abominable…─ en tanto el dolor se cobija en los adentros
de sus deudos. Mientras la policía recompone los motivos habría que subrayar
dos aspectos sobre los que reflexionar: la ausencia del terrorismo en el homicidio
de un político español y la sorprendente vileza con que determinados usuarios de las
redes sociales se despachan al socaire del anonimato.