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lunes, 6 de mayo de 2013


ERA UNA FIESTA

Habría que mirar aquello con los ojos del niño que fuimos: el chirriar de la chicharra o el estrépito de una merla, los gorjeos de la cavernera o los desplantes de la perputa (años después sabría que en las ciudades esos pájaros eran nombrados mirlos, jilgueros o abubillas). Santomera era El Campo por antonomasia. Cuando en Madrid aviso que me voy al campo, los míos saben que regreso al país de mi infancia. Por entonces era una pedanía partida por la carretera nacional de Murcia a Alicante: el sur, huertano, con regadío tradicional, abancalándose hacia el Raal; el norte, secano puro, territorio de la culebra y el lagarto, hasta que comenzaron a irrigar las tierras y cambiar el paisaje.