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miércoles, 21 de mayo de 2014


PUERTAS AL CAMPO

La quizás comprensible sobreactuación del ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, con motivo del asesinato de la presidenta del PP y de la Diputación de León, Isabel Carrasco, comienza a cosechar sus frutos: al socaire del anonimato “parece” haberse agrandado la oleada de odio que desde sus comienzos se expande por la red. Fue un infame asesinato a un político, aunque no un asesinato político, ocasionado por una mezcla  letal de odios, rencores y obsesiva venganza. En aquellos primeros momentos se produjeron manifestaciones de cariz bien distinto: por un lado ─generalmente procedente del mundo “popular” o de comentaristas cercanos a él─ la estupidez de achacar el impulso del asesinato a una especie de caza al político provocada por los escraches, las plataformas antidesahucio y las distintas mareas de protesta. La imputación a la protesta ciudadana de la muerte de una política en ejercicio se diluyó sin embargo como un azucarillo tan pronto se apreció el alcance de la majadería.
    
Por el otro lado, una infestación de miseria, insania mental en Internet y especialmente en la red Twitter con incitación a la violencia y al odio pareció incendiar el foro de opinión más amplio e incontrolable de las redes sociales. La presencia de excelentes usuarios en la red del pajarillo se ve lastrada por una horda de anónimos energúmenos dispuestos a actuar como lo harían en la vida real: camuflarse en la masa para llevar a cabo sus acciones contra todo lo que se mueve. ¿Recuerdan aquellos carteles de Zapatero asesino y el estacazo al entonces ministro José Bono durante una manifestación de la AVT en 2005? Pues lo mismo, pero en virtual.

martes, 29 de abril de 2014


MÁS MILAGROS QUE PAPAS
Parece que con la ceremonia ecuménica de los cuatro Papas (un italiano, un polaco, un alemán y un argentino) el milagro se hubiera encarnado en el alma de los creyentes, por lo que no creo que sea el momento de subrayar las divergencias y matizaciones sobre el magnífico tinglado de las religiones, tan antiguo como la Humanidad y tan arraigado en las conciencias como el mal, la belleza, la codicia o el hambre. Pero estos milagros de ahora impiden ver el bosque de los que a diario nos rodean, nos atosigan o nos confortan.
    Si un milagro es un hecho maravilloso y extraordinario sin una explicación racional, excepción hecha de los científicos, los técnicos y los expertos que sí conocen sus fundamentos racionales, el común de los mortales está rodeado de ellos, sin apenas darnos un descanso. Ahora mismo, mientras escribo, revolotean por mi estudio unos correos electrónicos


que pronto se convertirán en palabras y me avisarán con un pequeño timbre de su presencia.