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miércoles, 19 de septiembre de 2018

ELOGIO Y NOSTALGIA DEL SOMBRERO
(Del libro en preparación A la sombra del jacarandá)
Mi padre llevó sombrero hasta su muerte. Recuerdo sobre todo sus sombreros de invierno --de fieltro gris, tostado o verde, de ala estrecha y caída algo achulada-- más que los veraniegos, de los que no ha quedado ningún vestigio. Tampoco del “salacot”, reminiscencia de sus viajes por Tierra Santa y Egipto, allá por los años veinte, ni de la chistera corta que solía acompañar con una bufanda de seda blanca y un bastón con espadín rematado en una cabeza de perro de marfil. Con mi padre se fueron los sombreros y en buena hora, pensaba yo, porque estaba persuadido de que la calorina del tocado y la gomina habían aclarado más de la cuenta su cabello blanco, y me alegró aunque el ceremonial del saludo con sombrero era una fiesta visual: dos dedos tocando el ala, tres para asirla sin destocarse, los mismos para llevarlos a la copa y hacer como que se despojaban del flexible sin quitárselo, según los casos.

martes, 6 de mayo de 2014


SOMBREROS
Dicen que todo vuelve. Lo curioso es que lo dictaminan personajes que a su temprana edad no tendrían que andar ensimismados en el pasado sino creando  para el futuro. Puede que sea pereza creativa o simplemente que el buceo en el ayer pueda terminar siendo apasionante para quienes no lo vivieron. Después de un largo periodo de liberación y oreo del cabello masculino y casi a hurtadillas han ido regresando las gorras deportivas, las boinas, las gorras de campo y también, de modo creciente, el sombrero. Con este cambio climático y el inmisericorde calor sobre el cráneo se vuelven a  ver los sombreros adornando la indumentaria masculina.  No es todavía el regreso que caracterizó y uniformizó las décadas de los 40 a los 60, pero cada vez con más frecuencia puede verse en las ciudades (en los campos se llevó siempre la cabeza cubierta) el retorno del flexible o del “panamá”.